"Embarazo y Epigenética"

 

 

 

"Embarazo y epigenética"

 

El Embarazo y la epigenética están completamente relacionados.

Investigadores alrededor del mundo están estudiando los efectos ambientales en etapas tempranas de la vida, como es el embarazo.

Se conoce que los contaminantes ambientales pueden influenciar en el embarazo y epigenética infantil.

Cambios epigenéticos

Los cambios en la genética o cambios epigenéticos son cambios o modificaciones del ADN, que ocurren sin ninguna alteración en la secuencia de ADN, pero que pueden controlar la actividad de los genes.

Cada célula de nuestro cuerpo tiene la misma secuencia de ADN, pero diferentes genes que se activan o desactivan.Se cree que el embarazo y la primera infancia son períodos en los que los impactos ambientales en el epigenoma pueden tener consecuencias duraderas sobre la salud.

Por lo tanto, el ambiente interno del vientre femenino es el primer entorno que acoge al nuevo ser, e influye decisivamente en el ajuar genético con el que ya viene dotado.

Ciertamente, el entorno se amplifica al ambiente familiar y su clima afectivo. Pero también pertenecen a este sistema, por así decir, la cultura y las formas de convivencia, que suelen estar en constante cambio. Y la cultura va desde el estilo de vida de la embarazada; su comunicación (habla y contacto corporal); su alimentación, que comparte plenamente; la posible contaminación.

Es decir, la futura madre está proporcionando ya a su criatura las primeras experiencias vitales. Y los genes toman información de esa experiencia ambiental. El vientre, es decir, el embarazo mismo es el íntimo entorno; es el medio ambiente que extrae, varía o impide la ejecución de los mensajes del ADN de los genes (información genética codificada).

Una mujer embarazada es capaz de modificar la expresión de los genes de su hijo ya desde el útero. Este hecho es responsable de que la madre pueda influenciar en que aumente o disminuya la probabilidad de que su hijo sea obeso, hipertenso, diabético o tenga mayor predisposición a enfermedades cardiovasculares en el futuro. En el útero tanto la dieta de la madre como su estrés pueden causar cambios epigenéticos en el feto.

El ambiente emocional temprano también puede conducir a cambios epigenéticos duraderos en el cerebro.

Numerosos estudios como los realizados por Keith Godfrey, de la Universidad de Southampton, en el Reino Unido, han demostrado que la alteración de la dieta en la mujer gestante podía alterar la expresión de los genes que determinan la obesidad en sus hijos. En el estudio, se tomaron muestras de cordón umbilical para buscar lo que se denomina los “marcadores epigenéticos”. Así las madres que habían sido expuestas a dietas consistentes en un aumento de hidratos de carbono (azúcares) tuvieron hijos con estos mismos”marcadores epigenéticos”. Posteriormente, al estudiar a los hijos entre seis y nueve años con obesidad infantil, se vio que estos niños mantenían la correlación con dichos marcadores. Por todo ello, es necesario informar a la mujer que está embarazada (e incluso la que quiere quedarse embarazada aunque aún no lo esté) que ha de cuidar mucho su alimentación y sus hábitos, pues no solo contribuirá a mejorar su salud, sino que deteminará la salud de sus hijos e incluso sus nietos. La educación nutricional en la mujer embarazada por tanto puede ser clave en la prevención de enfermedades cardiovasculares y de diabetes, que la mayor parte de las veces son consecuencia de la epidemia de obesidad que nos invade.

En humanos se ha demostrado que en casos de abuso infantil también se altera el perfil epigenético del cerebro, y que el estrés prenatal materno, causado por la violencia de la pareja, promueve cambios epigenéticos en el ADN relacionados con la hormona del estrés que también se pueden detectar en la sangre de sus hijos adolescentes (Radtke, 2011).

 

Nutrición y dieta en el embarazo

La evidencia actual hace hincapié en el rol de la mala nutrición materna como uno de los factores que más influyen en la programación de la vida fetal. Si bien se sabe que la respuesta materna a un estado nutricional deficiente varía mucho entre distintos individuos, se ha observado que una disminución en el consumo de alimentos por la madre o de su capacidad de absorción, puede causar menor crecimiento fetal. Se ha visto que la mala nutrición durante el embarazo puede causar defectos persistentes en el producto: Reducción del número de células de los tejidos, modificación estructural de los órganos, selección de ciertos clones de células y la modificación en el ajuste de ejes hormonales clave. El impacto a largo plazo dependerá del estadio en el que haya mala nutrición, de su duración e intensidad. Diversos estudios epidemiológicos hacen referencia a que ciertas enfermedades que se pueden desarrollar en la infancia o adultez, están relacionadas con eventos prenatales que impactarán en la salud a futuro.

Conclusiones

Las investigaciones están orientadas a demostrar que existen mecanismos epigenéticos que inciden en esta asociación y que la soluciónes a estas alteraciones se centrarían en determinar las medidas preventivas o tratamientos de estas patologías, las cuales serían potencialmente reversibles. Los primeros estudios han mostrado la asociación entre la calidad de la vida familiar –en particular el vínculo materno– y el desarrollo de diferencias individuales en el comportamiento y en la presencia de enfermedades a lo largo de la vida.

La hipótesis explicativa propuesta señala que las enfermedades crónicas emergerían como respuestas alteradas al estrés. Un vínculo materno débil o deficiente, se asocia en la descendencia a un incremento de las respuestas autonómicas y endocrinas en la adultez, como también alteraciones en las respuestas al procesamiento de estímulos amenazantes.

Entre las enfermedades que se podrían favorecer por este mecanismo están: La obesidad visceral, hipertensión arterial, intolerancia a la glucosa, depresión, trastornos ansiosos, adicciones y enfermedad coronaria.

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